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Aleaciones resistentes al frío: tenaces a -253 °C sin romperse

by Lisa Larsen
A polished metal test bar clamped in a testing machine, covered in frost and wisps of cold vapour, with a red clamp ring.

Enfría ciertos metales lo suficiente y un golpe seco puede romperlos como si fueran de cristal. Muchos metales pierden su flexibilidad cuando hace muchísimo frío. Ahora un equipo de la Universidad de California en Berkeley, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y la Universidad de Oxford ha presentado dos aleaciones experimentales de niobio y titanio que siguen siendo tenaces a -253 °C (20 kelvin, solo 20 grados por encima del cero absoluto), sin ninguna señal de volverse frágiles. El trabajo se publicó en Nature el 14 de octubre.

Por qué importa: -253 °C es, más o menos, la temperatura del hidrógeno líquido, el combustible de muchos cohetes y un candidato para aviones, barcos y camiones más limpios. Los depósitos, tuberías y válvulas de ese combustible no se pueden agrietar con el frío. Unos metales que conservan su tenacidad ahí abajo, y que pertenecen a una familia famosa por aguantar también el calor extremo, abren nuevas opciones para el hidrógeno, el espacio y la fusión nuclear.

Por qué el frío rompe los metales

Los metales están hechos de cristales diminutos, y su comportamiento depende mucho de cómo se ordenan los átomos dentro de esos cristales. Una de las formas más habituales se llama cúbica centrada en el cuerpo (bcc, por sus siglas en inglés): imagina un cubo de átomos con un átomo extra justo en el centro. El hierro, el cromo y el wolframio son metales de este tipo.

Cuando doblas un metal, no se rompe átomo a átomo. Lo que ocurre es que unos pequeños defectos del cristal, llamados dislocaciones, se deslizan por su interior, un poco como la arruga que recorre una alfombra cuando la empujas. En los metales bcc esas arrugas se atascan a medida que baja la temperatura. Por debajo de cierto punto, la llamada transición dúctil-frágil, el metal ya no puede deformarse para aliviar la tensión y una grieta lo atraviesa de lado a lado. Durante décadas se ha considerado un límite básico de estos metales.

Vista 3D de los átomos de un cristal metálico como filas de esferas brillantes azules, turquesa y plateadas, con un fino plano rojo entre ellas.
Las maclas dentro de los cristales crean defectos nuevos y permiten que el metal se estire en vez de partirse · Ilustración de DIGITAL WOXTER TECHNEWS.

Qué ha descubierto el equipo

Los investigadores probaron dos aleaciones bcc a base de niobio y titanio: una mezcla sencilla de dos metales y otra más compleja de varios (lo que se conoce como aleación de entropía media). Según el comunicado de la Universidad de Oxford, ninguna mostró un paso medible hacia el comportamiento frágil, ni siquiera a la temperatura más baja del ensayo. El artículo indica que su resistencia y su tenacidad se estabilizan al bajar la temperatura, en lugar de desplomarse.

Al profesor Dong Liu, de Oxford y autor de contacto del estudio, lo que más le sorprendió fue que estas aleaciones siguen tolerando el daño de forma notable incluso a 20 kelvin.

El truco: fabricar defectos nuevos sobre la marcha

¿Y por qué no se agrietan? Al microscopio, el equipo vio dos fenómenos a escala nanométrica. Pequeñas zonas del cristal giran hasta quedar como su imagen en un espejo, lo que se llama maclas, y en algunos puntos el cristal cambia por un momento a otra estructura atómica. Allí donde estas novedades chocan con las fronteras entre cristales, concentran la tensión y crean dislocaciones nuevas justo en ese lugar.

Dicho de otro modo: cuando las arrugas antiguas se quedan congeladas, el metal sigue fabricando otras nuevas donde hacen falta. Así puede seguir estirándose y absorbiendo energía en vez de romperse. Como resume Tech Xplore, es como el tráfico que encuentra calles secundarias cuando la carretera principal está cortada. El autor principal, David Cook, que estaba en Berkeley durante el estudio y ahora trabaja en la Universidad de Cambridge, cree que hay que mirar más allá de lo fácil que se mueven las dislocaciones existentes y fijarse también en la facilidad con la que nacen otras nuevas en las interfaces.

Primer plano de una muestra de metal pulida y atacada: granos cristalinos angulosos con brillos azules, turquesa, lilas y dorados, separados por finas líneas oscuras y rojas.
Al pulir y atacar un metal aparecen sus cristales: cada color es un grano con los átomos orientados de otra forma · Ilustración de DIGITAL WOXTER TECHNEWS.

Cómo se pone a prueba un metal a -253 °C

Las muestras se enfriaron con helio gaseoso y se estiraron hasta romperse en el instrumento Engin-X de la fuente de neutrones y muones ISIS, en Oxfordshire (Reino Unido). Mientras la máquina tiraba de ellas, un haz de neutrones atravesaba el metal y mostraba cómo se deformaban sus cristales por dentro. Después, los microscopios electrónicos fotografiaron la zona de las grietas, una sonda atómica localizó dónde estaba cada elemento y los modelos por ordenador comprobaron cómo colaboraban los distintos mecanismos.

No es la primera vez que este grupo de investigadores bate marcas en el frío extremo. En 2022, un equipo en el que estaban Liu y Robert Ritchie, de Berkeley, publicó en Science que una aleación de cromo, cobalto y níquel alcanzaba la mayor tenacidad a la fractura jamás medida, también a 20 kelvin. Esa aleación tiene otra ordenación atómica, que se lleva bien con el frío por naturaleza. Lo nuevo ahora es que la familia bcc, la «difícil», también puede ser tenaz en la congelación más profunda.

Con los pies en el suelo

Esto es ciencia de laboratorio, no un depósito que se pueda comprar. Solo se han probado dos aleaciones experimentales, en muestras pequeñas y sobre todo a una temperatura extrema. Algunos medios, como Interesting Engineering, hablan de toda una «nueva clase» de metales, pero el estudio se centra en estas dos. Aún nadie ha demostrado cómo se comportan al soldarlas, al fabricar piezas grandes o tras miles de ciclos de enfriamiento y calentamiento, ni cuánto costaría producirlas a gran escala. Sus usos en energía, transporte y aeroespacial son propuestas de los autores, no demostraciones.

Qué pasará ahora

Lo más valioso puede ser la receta más que las dos aleaciones. Si los ingenieros diseñan metales capaces de crear defectos nuevos en sus fronteras internas, podrían conseguir toda una gama de aleaciones bcc a prueba de frío. Habrá que estar atentos a los ensayos con piezas mayores y ciclos repetidos de enfriamiento, y al interés de los proyectos de hidrógeno, cohetes y fusión, donde una misma máquina tiene que sobrevivir a un frío brutal y, a veces, también a un calor brutal.

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