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Descubren la primera estrella verde: una enana blanca

by JWCarlin
Artist's impression of a small star glowing pale green, with a disc of rocky debris spiralling into it.

Pregunta a cualquiera de qué color son las estrellas y te dirá rojas, naranjas, amarillas, blancas o azules. Verdes, nunca. Pues astrónomos de la Universidad de Warwick acaban de encontrar la primera estrella que a un ojo humano le parecería verde de verdad: una pequeña estrella muerta llamada WD J1330+6435, según ScienceDaily y Popular Science.

Por qué importa: es una sorpresa preciosa, pero también una herramienta nueva. El color de una estrella resulta ser una pista rápida de lo que se ha tragado, incluidos los restos de sus propios planetas. Y como nuestro Sol acabará siendo una estrella de este tipo, es también un vistazo al futuro lejano del sistema solar.

Una estrella muerta con brillo verde

WD J1330+6435 es una enana blanca: el núcleo caliente, del tamaño de la Tierra, que queda cuando una estrella como el Sol agota su combustible y expulsa sus capas exteriores. Es de las frías, a unos 4.000 °C, y ha atraído a su atmósfera escombros rocosos de su antiguo sistema planetario, con calcio, litio y sodio, según ScienceDaily y Popular Science.

El truco está en el sodio. Absorbe la parte amarilla, naranja y roja de la luz de la estrella, así que lo que nos llega es un verde lima pálido. El investigador principal, Mark Hollands, lo describe como un brillo verde fantasmal.

Una nebulosa de colores, con nubes de gas verdes, turquesas y rosas llenas de estrellas.
Las estrellas tienen muchos colores y nacen y se reciclan en nubes como esta · Ilustración de DIGITAL WOXTER TECHNEWS.

Por qué las estrellas normales no pueden ser verdes

Las estrellas corrientes brillan en todos los colores a la vez. Aunque su luz sea más intensa en el verde, la mezcla completa sigue pareciéndonos blanca, y por eso se creía que no existían estrellas verdes. Para ver otra cosa hace falta una atmósfera que bloquee un buen trozo del arcoíris.

Las enanas blancas más frías pueden hacerlo. Sus atmósferas están comprimidas hasta una densidad de alrededor de 1 gramo por centímetro cúbico, más o menos la del agua, según ScienceDaily y Popular Science. Tan apretados, hasta pequeñas cantidades de elementos absorben luz en una gama de colores mucho más amplia de lo normal.

Rosas, amarillas, cian y quizá la estrella más roja

El equipo estudió 151 enanas blancas a menos de 20 pársecs (unos 65 años luz) de la Tierra. Cinco tenían colores fuera de lo común: dos amarillas y tres rosas. Eso apunta a que más o menos 1 de cada 30 enanas blancas tiene un tono inesperado, según Phys.org y Popular Science.

  • Rosas o moradas: enanas blancas ricas en carbono.
  • Amarillas: las que se han tragado trozos de asteroides y cometas destruidos.
  • Cian o azul pálido: enanas frías con atmósferas de hidrógeno y helio sometidas a una presión enorme.

El equipo también señala a WD J1011+2845, a unos 48 años luz, como posiblemente la estrella más roja jamás registrada. El carbono que sube desde su interior empuja la mayor parte de su luz más allá de los 600 nanómetros y le da un intenso tono rosa salmón.

¿Cómo se mide un color que no se puede ver?

Nadie ha mirado estas estrellas a simple vista: son demasiado débiles. El equipo tomó el espectro de cada una (su luz separada en un arcoíris y medida color a color) y lo pasó por un modelo de la visión humana del color, el mismo tipo de cálculo que permite a una cámara o a un televisor reproducir colores que reconocemos. Así que «verde» significa: este es el color que verías si pudieras acercarte lo suficiente.

Y para los amantes de los libros de texto hay buenas noticias: el color mediano de las otras 146 estrellas ronda los 6.800 K, que el ojo percibe como blanco. Como resume el coautor Boris Gänsicke, la enana blanca media es blanca de verdad. El estudio, titulado «Any colour you like: the diverse chromaticities of white dwarfs», se publica en RAS Techniques and Instruments.

Qué viene ahora

Medir el color es barato, así que los astrónomos pueden usarlo para localizar enanas blancas que están devorando material rocoso o esconden una química rara, y luego estudiarlas con grandes telescopios. Cada una es un informe forense de cómo terminan los sistemas planetarios. Dentro de unos 5.000 millones de años, nuestro Sol también será una enana blanca. Que acabe blanco, rosa o incluso un poco verde puede depender de lo que quede de los planetas a su alrededor.

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