Una pizca de polvo del asteroide Bennu acaba de contarles a los científicos dónde nació, y la respuesta es: ni aquí ni allí. Un equipo de la ETH de Zúrich ha medido las huellas químicas de las muestras que trajo a la Tierra la misión OSIRIS-REx de la NASA y ha descubierto que Bennu es un «híbrido»: una mezcla de material del Sistema Solar interior, caliente, y del exterior, helado, según publican en Science Advances.
¿Por qué importa? Bennu apenas ha cambiado en unos 4.500 millones de años, así que es una cápsula del tiempo del polvo con el que también se formó la Tierra primitiva. Saber de dónde salió ese polvo, y quién lo removió, ayuda a entender cómo los planetas rocosos consiguieron sus ingredientes, quizá también el agua de nuestros océanos.
Una pizca de asteroide
OSIRIS-REx recogió rocas sueltas y polvo de la superficie de Bennu y los soltó en una cápsula sobre el desierto de Utah en septiembre de 2023: unos 120 gramos en total, según el comunicado de la ETH de Zúrich y The Brighter Side of News. Laboratorios de todo el mundo recibieron una pequeña parte. El laboratorio de isótopos de la profesora Maria Schönbächler, en Zúrich, la dedicó a un tipo de química muy precisa.
El equipo midió los isótopos de tres metales: hierro, titanio y cromo. Los isótopos son versiones de un mismo elemento con un peso ligeramente distinto. Cada zona del Sistema Solar primitivo acabó con una mezcla algo diferente, así que esa mezcla funciona como un código postal: te dice de qué barrio viene una roca.

Ni de dentro ni de fuera
Las huellas del hierro y del titanio resultaron ser asombrosamente uniformes en todo el material de Bennu. El cromo variaba más, algo que los autores atribuyen al agua líquida que, más tarde, empapó el cuerpo del que procede Bennu. Y la huella coincide con la de dos viejos conocidos: el asteroide Ryugu, del que la sonda japonesa Hayabusa2 trajo muestras, y los raros meteoritos CI, rocas espaciales ricas en carbono que están entre las más primitivas que se conocen. Los tres se distinguen claramente de otros asteroides, grupos de meteoritos y planetas.
La sorpresa es dónde cae esa huella: a medio camino entre el Sistema Solar interior y el exterior. «Bennu es un híbrido: el material no encaja claramente ni con el Sistema Solar interior ni con el exterior», explica Schönbächler en el comunicado de la ETH.
Los investigadores creen que el material de origen se reunió cerca de la línea de hielo del agua (la «línea de nieve»), la distancia al Sol joven a partir de la cual el vapor de agua se congelaba. Allí se mezclaba el polvo de ambos lados, y el hielo ayudaba a que los granos diminutos se quedaran pegados. Eso sitúa el lugar de nacimiento de Bennu más cerca del Sol que las regiones donde se formaron los cometas.
Júpiter, el colador cósmico
¿Y cómo acabó en el mismo sitio polvo fino de los dos lados? El equipo señala a Júpiter. Mientras el planeta gigante crecía, su gravedad parece haber funcionado como un filtro por tamaños, igual que un colador de cocina: retenía las partículas grandes pero dejaba que el polvo fino cruzara su órbita y se mezclara, cuentan ambas fuentes. Eso explicaría también por qué Bennu está lleno de material de grano fino y, en cambio, tiene pocas de esas gotitas más grandes que un día estuvieron fundidas (los cóndrulos) y que abundan en muchos otros meteoritos.
Y hay premio extra. Materiales como los de Bennu, Ryugu y los meteoritos CI tienen una composición de elementos muy parecida a la del Sol, salvo los más volátiles. Como el Sol reúne más del 99 % de la masa del Sistema Solar, estas rocas son la mejor muestra que tenemos de la receta original.
Lo que todavía no sabemos
El estudio es prudente con sus límites. La línea de nieve se desplazó a medida que cambiaban el Sol joven y su disco, los modelos del crecimiento temprano de Júpiter aún tienen mucha incertidumbre y nadie puede decir todavía si Bennu, Ryugu y los meteoritos CI vienen de un mismo cuerpo o de varios hechos del mismo material, señala The Brighter Side of News. Bennu tampoco está perfectamente intacto: es un «montón de escombros» que se rompió y volvió a juntarse.
Qué viene ahora
El siguiente paso lógico es buscar la misma huella en otros asteroides primitivos. Y ya viene otra muestra en camino: la sonda japonesa MMX despegó esta semana para recoger suelo de Fobos, una luna de Marte, y traerlo a la Tierra en 2031, como contamos en MMX despega: Japón irá a por tierra de Fobos, la luna de Marte. Según la ETH de Zúrich, Schönbächler piensa solicitar una parte.
Sigue leyendo
- MMX despega: Japón irá a por tierra de Fobos, la luna de Marte
- Descubren la primera estrella verde: una enana blanca
- Perseverance bate el récord de distancia recorrida en otro mundo
Lo mejor de la semana en tecnología, gratis
Un email a la semana con las noticias que importan, explicadas fácil. Sin spam.
Fuentes
- Nucleosynthetic constraints on the origin of Bennu and CI-like asteroids – Science Advances (Schönbächler et al.), vol. 12, número 39, septiembre de 2026
- NASA’s asteroid Bennu samples reveal a 4.5-billion-year-old secret – ScienceDaily (ETH de Zúrich), 24 de octubre de 2026
- Asteroid Bennu may have formed much closer to the Sun than scientists thought – The Brighter Side of News (Joseph Shavit), 26 de septiembre de 2026
- Launch result of the Martian Moons eXploration (MMX) spacecraft – JAXA, 20 de octubre de 2026